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Según el Grupo de Estudios de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (GEECV-SEM) el ICTUS hace que 650.000 personas fallezcan anualmente en Europa, de las cuales 40.000 son españolas.

Siguiendo con las estadísticas en nuestro país, se estima que cada seis minutos se produce un ICTUS en España. Esta patología es la primera causa de mortalidad entre las mujeres españolas y la segunda en el caso de los varones. Es además la primera causa de invalidez permanente en adultos y la segunda causa de demencia. Se estima que el 30% de los pacientes que han sufrido un ICTUS presentan problemas de equilibrio, déficits cognitivos o alteraciones del habla.

Frente al panorama que nos muestran estas estadísticas, la buena noticia es que la mayor parte de los casos de ICTUS se pueden evitar. De hecho, los expertos señalan que controlando los factores de riesgo se podrían evitar el 80% de los ICTUS.

Según publica la Federación Española de ICTUS (FEI) en el caso del ictus isquémico los mayores factores de riesgo son HTA, hiperlipidemia, diabetes, tabaco, estenosis carotídea, FA, obesidad, abuso de sustancias como alcohol u otro tipo de drogas. Gran parte de estos factores son modificables, puesto que corresponden a estilos de vida y patrones de autocuidado poco saludables.

Como profesionales de la salud, podemos incidir educando a nuestros pacientes y clientes en la adopción de estilos de vida saludables. Desde medidas higiénico-sanitarias hasta el control de constantes, son un abanico de posibilidades en cuanto a educación para la salud se refiere.

Además de la prevención, otro aspecto importante que interfiere en el desarrollo y evolución del ICTUS es la rapidez de actuación. Una vez que se ha producido, puesto que el cuadro se desarrolla y evoluciona muy rápido, pudiendo provocar lesiones cerebrales en muy poco tiempo, detectar que se está produciendo un ICTUS y valorar sus síntomas puede ser vital.

Los síntomas que nos pueden hacer sospechar que estamos ante un ICTUS son diversos. Dependiendo de en qué parte del cerebro se haya producido la lesión podremos encontrar:

  • Debilidad muscular facial.
  • Hormigueo o parestesias en las extremidades de un lado del cuerpo.
  • Afasia o dificultad para hablar.
  • Visión distorsionada en un ojo.
  • Dolor de cabeza intenso y de aparición súbita.
  • Ataxia o pérdida de coordinación.
  • Alteraciones en el equilibrio.

En el medio extra hospitalario hay varias escalas para valorar si se está produciendo un ICTUS.

Una de las más utilizadas es la escala FAST (Face Arm Speech Test) que valora la debilidad en brazos y cara, así como las alteraciones del lenguaje. Para ello se le pide al paciente que sonría, que responda a una pregunta y que levante un brazo. Este test presenta un alto valor predictivo cuando es utilizado por técnicos de ambulancias o personal entrenado.