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La alerta por el nuevo coronavirus de Wuhan o COVID-19 ha ocupado portadas, noticiarios e, incluso, las conversaciones cotidianas. Algunos profesionales sanitarios han comunicado las dificultades con las que se están encontrando: propagación de bulos, miedos injustificados…

En este artículo vamos a revisar qué sabemos hoy del nuevo coronavirus y qué recomendaciones podemos dar a la población general acerca de la prevención de este tipo de infecciones epidémicas y su tratamiento.

¿Qué es el coronavirus y por qué se considera una enfermedad epidémica?

Los coronavirus (CoV) son una familia de virus que causan enfermedades infecciosas de tipo respiratorio.

El nuevo coronavirus de Wuhan o COVID-19 es un virus de esta familia que ha surgido por mutación de variantes previas, posiblemente ocurrida en un animal salvaje, y que ha saltado a los humanos a causa de un contacto estrecho, por ejemplo, por utilizarlos como alimento. El COVID-19 provoca enfermedad respiratoria de tipo neumonía.

Dado que se trata de un virus de nueva mutación, con el que los humanos no habíamos tenido contacto antes, los nuevos casos aparecen expandiéndose a partir de un foco (en este caso, la ciudad de Wuhan) en una progresión positiva en la que cada vez hay más casos detectados. Es decir, se trata de una enfermedad epidémica. Las enfermedades epidémicas se contagian rápidamente durante un tiempo determinado hasta que alcanzan un número máximo de afectados y, a partir de ahí, el número de enfermos se va reduciendo hasta que la enfermedad desaparece o queda latente hasta un nuevo brote epidémico. La clásica enfermedad epidémica y estacional de nuestro entorno es la gripe.

¿Qué sabemos hoy sobre el COVID-19?

Los datos oficiales difundidos por la OMS nos indican que:

  • El 94% de los casos proceden exclusivamente de la provincia china de Hubei.
  • Se han notificado alrededor de 700 casos en otros 25 países, aunque la mayoría de ellos son de personas que se habían contagiado previamente en la región afectada de China.
  • Más del 80% de los pacientes que contraen el virus presentan síntomas leves y se recuperarán sin medidas especiales.
  • En aproximadamente un 14% de los casos, el virus provoca neumonía, disnea (sensación de ahogo) y otros síntomas graves.
  • Solo un 5% de los pacientes presenta síntomas muy graves: insuficiencia respiratoria, sepsis o insuficiencia multiorgánica.
  • El virus resulta mortal en aproximadamente un 2% de los casos detectados, con mayor riesgo en personas de edad avanzada.
  • Comparativamente, se han detectado pocos casos en niños.

Como vemos, aunque es normal la alerta sanitaria y social entorno a un nuevo virus, los datos parecen indicar que no se trata de una enfermedad más peligrosa que la gripe ya conocida.

Coronavirus vs gripe

La gripe es la enfermedad epidémica estacional por excelencia. Aparece cada año, afectando hasta un 10% de la población total, y con una mortalidad que fluctúa entre el 3 y el 5% de los afectados. La población anciana y los enfermos crónicos son los más susceptibles, por lo que se recomienda vacunar cada año a estos grupos de población, incluyendo también a mujeres embarazadas y personal sanitario. Sus síntomas más comunes son la fiebre, el dolor muscular y los síntomas catarrales inespecíficos.

Por otro lado, aunque todavía falta información sobre el comportamiento a largo plazo del COVID-19, su incidencia es baja (unos 70 000 casos diagnosticados en una provincia de 60 Millones de habitantes), así como su mortalidad, que es inferior a la de la gripe. En cuanto a los síntomas, aunque también hay fiebre, prevalecen más los signos respiratorios: tos, disnea y dificultades respiratorias.

Es importante tomar medidas de prevención ante estas enfermedades infecciosas para evitar su propagación, especialmente en núcleos grandes de población.

Prevención de las infecciones epidémicas

Las medidas preventivas ante cualquier enfermedad infecciosa respiratoria de origen vírico incluyen:

  • Lavado frecuente de manos con un desinfectante a base de alcohol, como Sterillium®, o bien con agua y jabón cuando sea posible. De esta manera, evitamos propagar con nuestras manos el virus, o llevárnoslo a la boca si hemos entrado en contacto con él.
  • Cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar, bien con el codo flexionado o bien con un pañuelo desechable. A continuación, desinfectarse o lavarse las manos.
  • Mantener cierta distancia (idealmente, 1 metro) con las demás personas, especialmente aquellas que tosan, estornuden o tengan fiebre. De esta forma, evitaremos entrar en contacto con los fluidos que pueda expectorar y que pueden ser portadores del virus.
  • Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca ya que, si hemos entrado en contacto con el virus a través de las manos, nos podemos contagiar al llevar el virus a las mucosas respiratorias.

Tratamiento de las viriasis respiratorias

En la mayor parte de los casos, no se tratan las enfermedades víricas en sí mismas, sino los síntomas que causan. El sistema inmunitario de una persona sana está preparado para luchar contra los virus, incluso contra aquellos con los que no ha tenido contacto previamente, pero es importante controlar los síntomas que provocan mientras tanto, ya que son los que pueden poner en riesgo al paciente.

Por esta razón, el principal tratamiento que se prescribe ante una enfermedad respiratoria de origen vírico son los antipiréticos, como el paracetamol, para controlar los accesos de fiebre alta. Además, pueden ser necesarios los tratamientos broncodilatadores si hay dificultades respiratorias y, en ocasiones, mucolíticos o expectorantes si hay una excesiva acumulación de mucosidad.

No obstante, los tratamientos no farmacológicos también pueden resultar de gran ayuda para aquellas personas con síntomas menos graves: los lavados nasales con agua salina, las pastillas o caramelos suavizantes para la garganta, las infusiones, los baños de vapor y los descongestionantes pueden mejorar mucho la sintomatología.

 

Fuentes: